Mostrando entradas con la etiqueta despojos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta despojos. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de agosto de 2010

Tengo un imperio...

Tengo un imperio de ego y terror, esplendente de decadencia. Si vienes en busca de la Angustia, entra: la hallarás aquí; entra, entra si te atreves. Es un imperio… que surgió cuando se construían castillos en el aire. Ese tiempo tal vez pasó antes de mí, tal vez pasó después del caos y antes del orden… tal vez ese tiempo jamás existió. Aún así, yo lo construí, cuando se hacían castillos en el aire. En él nunca hubo reyes ni mandatos, en él la enfermedad y el libertinaje blasonan sus puertas. Se halla en una región extemporal e infraterrena, y vive y respira, y su aliento es éter y sus muros son mercurio. Es muy fácil perderse, porque, todo el tiempo que estoy en él (y eso es siempre) las estancias crecen y se tuercen, y a veces cambian de posición o de lugar; otras, surgen nuevas puertas que conducen a otros pasillos, y que en ocasiones regresan a la misma habitación.


Antes, había un gran pájaro azul con plumas de hierro cortante y una canción elegíaca que se posaba doliente sobre mi hombro y se alimentaba de las amapolas, los abrojos y las malas hierbas creciendo en los resquicios. La soledad y yo nos amábamos y nos alimentábamos uno de otro, y de los muros del castillo que habíamos creado. Tengo un imperio de ego, terror y artificio, donde las torres se han caído de tedio y sus famélicos y enfermos habitantes ya no pueden consumir los muros que se desplomarían, demasiado ruinosos ya, y que cada segundo se corroen ante mis ojos hastiados. La soledad se hastió de mí como yo me hastié de ella; tengo suficiente con mi propia sangre y mi propio veneno verde y negro. El pájaro azul de las plumas como bisturís, comenzó a oscurecerse, gradualmente, mientras la crónica enfermedad que había contraído renovaba sus plumas desde dentro, sin tirarlas, sólo haciéndolas mutar; y el ave se depauperaba y lanzaba súbitos trinos agónicos con su dulce voz de elegía, que comenzaba a tornarse áspera, hasta devenir en graznidos cada vez mas acérrimos. Ahora sonrío cruelmente cuando el macilento pájaro endrino, casi negro, se posa sobre mi hombro y se fatiga, lanzando sus fúnebres y perversas notas que ahora espurrean venablos, atosigados con el odio que succionó de mí una vez, con la probóscide que oculta en su garganta; el odio que en su interior creció como un parásito, aún unido a su fuente en mí, y que fue el origen de su enfermedad. Sonrío cruelmente, porque su azul me comenzaba a exasperar, pareciéndome demasiado natural. Sonrío y le clavo los dientes en las alas, y me fatigo.


Arrastrando mi apatía y mi inexplicable cansancio, miré los trozos de oro engastados en el mercurio; mientras los muros se rompían, el oro me produjo asco y aversión; entonces volví todos los elementos dorados, plateados, y después, cenicientos.


Tengo un imperio de ego, terror, artificio, esteticismo y absurdo. Las navajas endrinas y los espejos que obsesionan, las agonías sensuales y los envenenamientos delirantes, los retruécanos y el maquillaje, las sonrisas crueles que se mueren de hambre, observando criaturas andróginas y asexuales; la belleza enfermiza, las pasiones que perturban, el placer de la crueldad y la estética de las heridas, las hadas verdes, las pesadillas, las cenizas y la enfermedad... y los espirítus que se caen de fatiga y las torres que se caen de tedio... Lo hice cuando se construían castillos en el aire. Resplandece de decadencia... El éter voluptuoso y las ideas mercuriales.


ARTificial Absinthe


domingo, 22 de agosto de 2010

Sólo otro despojo

Al fin, desaparece esa prosaica presencia que me hace imposible escribir, dejar caer los sanguinolentos y triturados miembros de mis noches de angustia y miseria.
Los placeres simples han vuelto a mí de rodillas, y de nuevo me apetecen, como último refugio de mi desocupado y hastiado espíritu, que, orgulloso, nunca se empleará en banalidades. Último refugio de una aspiración demasiado magnífica.
… sobre la mesa. Antes, mi novelesco refinamiento me exigía hacer lo posible para evitar enfrentar la indignante vulgaridad, recurriendo a mi lirismo y sus inapelables necesidades; ahora, mi inherente dandismo sólo en su esencia conserva tal sublimación, en realidad, la fuente de ella. Ahora no me importa comer directamente sobre la mesa, abúlica, indolentemente… al menos conservo la sutileza de cerciorarme de que no haya nada repugnante sobre ella. ¿Eso allí era sangre? Ah… no es repugnante, debe ser mía, después de todo. (Y mientras tanto, un demonio se ríe en mi cabeza del vergonzoso pensamiento que continúa allí, a su vista, como una exasperante maldición) Antes, yo jamás hubiera permitido que esa idea perdurara, que ese trasgo me escarneciera. Lo que inspira la idea (y ésta, la risa del trasgo) es ajeno a mí, lejano a mí. Ajeno. Yo, que me jactaba de mi inalcanzable suficiencia.
En retrospectiva, yo jamás…
Ahora soy la pálida ruina de mí misma, y estoy segura de que únicamente en el fondo de ellas puedo ser yo en realidad.
Cada instante, los deseos fenecen, y la furiosa miseria lanza movimientos desesperados, sin más finalidad que la sola desesperación. La idea porfía, el demonio ríe, y yo quisiera bostezar en otro escenario. Los apetitos de hedonista suntuosidad se degradaron a la aspiración del desolado cuartucho que se cae, como pálida sangre con sabor a vinagre. Se cae, pero libremente.
Y quizás me acerco a una cortesana decimonónica e inexistente, quizás mis vicios huirán de sus lechos de desprecio para auxiliar a mi condena. Pero… libremente.
(Lárgate de una vez. Cállate de una vez)
Sólo a través de las ruinas de mí misma puedo ser yo misma, y sé que las lágrimas son patéticas, las esperanzas, inútiles; que hasta los más nimios deseos son excesivos y bien pronto occisos, y sé que terminaré sobre las vías del tren.
Estoy en un punto en el que desear es más un pasatiempo, ya que los deseos… la desesperanza está escarificada en ellos.
¿Tan pronto te has cansado de reír? Ríe, pequeño trasgo, vástago de la degradación. Cuánto me regodeo en tu desprecio. Sigue riendo; tendremos motivos, tú para reír, yo para gozarme en la ácida complacencia de mi superlativa protervidad. Ahora… apaguemos las luces, hundámonos en la narcótica lasitud de la más vacua desolación.
Y te escucharé vejarme, mientras pienso en las vías del tren.
Ninguna luz, ninguna luz…

ARTificial Absinthe

Sin sentido



Abortos de escritos, de actos, de proyectos.
Cadáveres que se niegan a dejar de sangrar y sangre que se niega a pudrirse, o sangre que se niega a dejar de correr y cadáveres que se niegan a pudrirse. Decididamente mi cabeza es un matadero, un muladar sangriento.
¿Y acaso valgo algo? ¿Valer o costar? Espero que sea lo primero, porque, para ser sincera (y puede que lo sea) yo misma me tengo en invaluable. Sí, invaluable, tanto más si el resto del mundo opinara diferente, como de hecho hace. Pero... ¿costar? Nada en el mundo cuesta nada, y yo... nada. Nada en absoluto. Nada, al menos, que no pueda ser pagado... porque así es como funciona, ¿no es así? ¿Eso me convertiría en prostituta? ¿No podríamos usar una palabra más estética? Evat! me parece que he obviado mis caprichos. Capricho grabado sobre mi puerta. Muchos de ellos, valiosos; algunos más, bastante costosos. Considerándolo, es posible que cueste más de lo que debería. Costar no es deseable, de suerte que debiera abaratarme. ¿Eso me convertiría en una ramera? Tal vez no me sea posible bajarme de cortesana.
¿Algo que vale nada puede costar? Tal vez. Pensemos en el orgullo. ¿Acaso cuesta algo? Orgullo y otras cosas de valor. La belleza. Una paradoja. La rareza y el artificio; paradojas. Algunas baratijas disfrazadas de lujos: Artificio. Nada mal. La viperina cortesana caprichosa e inútil no está tan mal… nadie conoce el valor… Pero ahora mismo me desespero por un poco de Absenta con todo su ritual laqueado de poesía y decadencia. ¿Cuánto vale…? … ¿…Callas? …Entonces, ¿cuánto cuesta una botella de Absenta? …Vaya… no tengo esa cantidad… Pero al menos puedes decir mi precio.


ARTificial Absinthe

Rags and Tatters


“Habéis de saber que tengo un pájaro azul en la cabeza, por consiguiente…” *
Frente a un espejo, comenzando ya a reconocerme, de pronto reparé en que él seguía conmigo; pero ¡qué cambiado! Cómo ha cambiado. Y sin embargo, es él mismo. La ruina de sí mismo, la decadencia de sí mismo, la profundización de sí mismo… (un poco más de sombras allí.)
Pajarillo, maldición alada, mira, ¿recuerdas ese escrito?
Y él crasita y yo me asombro de lo que antes nos parecía tan natural.
Pero, no, no lo es, ¿lo ves? No lo era. Tal vez es demasiado natural para ser nuestro. Entonces tú y yo aún no nos asemejábamos tanto a nosotros…. (Tienes razón algo más de palidez estaría bien. Más semejanza, menor naturalidad) Lee muy atentamente este escrito, observa muy bien este estilo. ¿Lo reconoces?
Él crasita y yo me asombro.
Pues tú lo escribiste…. Tú y yo. Y sin embargo, no es nuestro. Son retazos prestados. No como lo que hago ahora: un retazo cinéreo por mi romanticismo incinerado; un destello plateado de lo que sobrevivió a la caída y ahora vive miserable; un jirón deshilvanado por la desesperación; otro de color estático, por el esplín; uno azul por la melancolía; otro más del mismo color, pero tan irreconocible con el anterior, tan distinto en esencia, que se pensaría que si aquél es azul éste no lo es; uno más, granate, por la inanición y sus actos; lívido y deslavado para la enfermedad… y el metálico amargo de la frialdad y la hiperestesia, y el irisado de la afectación, y…
Y todo estrafalariamente suturado con los rojos hilos de la crueldad, refinada y voluptuosa, sobre un fondo negro noche y verde delirio. Los colores (el color) de la locura y la decadencia.
¿Ahora podemos vernos? Vamos, cruel, amargo, vanidoso, aléjate de ese espejo y guarda tus garras cuando vueles dentro… o añadiré a nuestro guiñapo cortantes plumas ajadas.

ARTificial Absinthine
*Ruben Darío

viernes, 6 de agosto de 2010

Malditos relojes

Y después del oscilante vértigo en el paroxismo de los nervios distendidos, de noches asfixiantes, caí en un estado de profunda apatía ---- un nuevo paroxismo, esta vez de una opresiva y despótica languidez, un turbio tedio, una hiperdosificación en el intrínseco esplín de mis días. La furiosa tensión y distención de mis nervios me ha dejado fatigada; y el famélico , invencible aburrimiento, odioso oportunista, ha venido a enrarecer el aire con sus emanaciones mefíticas.
Ansiosa de algo pero incapaz de nada, sólo mi mente (como siempre) se mueve, entre las borias opresivas y los gritos aleatorios de putrefacción.
Y el gato se hecha otra vez en una cama (¿era una cama?) cae en la siesta del vinagre, y busca una cama en otra parte. Un ansioso aunque fatigado deseo de levantarme, pero ¿para qué? ¿por qué? ¿para ir a dónde? Así que dejo que la apatía haga su imperante capricho y me quedo mirando sin mirar, escuchando un errático piano, fluctuando en pensamientos fugitivos que desparecen cuando una exasperante monotonía se apodera de mi dispersa mente. ¿Que es ese maldito sonido, tan endemoniadamente regulado, tan estúpidamente repetitivo, que tanto me hace pensar en el mundo fuera de mi? Oh, es el pequeño reloj que siempre cuelga de mi cuello, siempre, como si olvidarlo o tenerlo supusiera alguna ventaja para mi existencia furiosa por ser, pero perentoria.
Relojería. Lo más preciso que puede concebirse, un dechado de regularidad. Relojería, estulta, estulta relojería. Pienso de nuevo en ese mundo... ¡qué felices estarían de tener un mecanismo como este! Sin fallas, sin variación, siempre predecible.
¿Qué fue eso? Me ha parecido que, súbitamente, momentáneamente, se ha alterado la implacable regularidad. Sonrío sin alegría. Alguien debe estar siendo señalado ahí dentro. Mejor sales, pues si no te matan ellos, lo harás tú.
Después de todo, mi pequeño reloj no es tan despreciable, con su relojería barata, a pesar de que ahora vuelva a su regularidad; ahora puedo saber que está algo defectuosa... lamento haber roto la leontina.
Dicen que los relojes suizos son los más precisos en el mundo, y puede que hasta del universo, puesto que con toda seguridad no hay nada fuera de Suecia, y quizás fuera del mundo, que halla podido concebir jamás precisión más perfecta............. Malditos suizos, no saben la abominación que crearon.
¿Qué seria de todos sin los relojes suizos? ¿O qué sería sin ningún reloj en absoluto? O mejor aún, que cada reloj anduviera a su voluntad y su capricho, trastabillando con sus ocios y exitándose con desconocidas concepciones. Entonces la existencia, la rutinaria existencia no podría ser rutinaria del todo, o nada en absoluto. La variación de los tiempos y la ignorancia de esa horrible y exigente prostituta -la hora-, harían imposible que se le exigiera a nadie una pérdida de tiempo -es decir, a nadie se le podría exigir puntualidad-. Sólo el propio deseo conseguiría un entendimiento. Y es que la prostitutas (quiero decir las horas) son una invención, una creación estulta y execrable como sólo puede serlo cuanto crea el buen hombre de sociedad, trabajador fanático de relojerías suizas. Pero ahora resulta que los relojes suizos son muy costosos y que nadie puede vivir sin un reloj.

Si ese fuera el caso... me gustaría tener dinero suficiente para comprar relojes, todos los relojes poisbles sin importar su fealdad o tosquedad, sin apreciar más a aquellos que poseyeran la belleza de lo arcaico.... porque todos son relojes, todos miden el tiempo, y por lo tanto tengo mucho tiempo para todas las estrafalarias pretensiones de mi estrafalaria personalidad, famélica de infinito. Sí, más y más relojes para mi hastío; tiempo y tiempo y tiempo para mi sed de inmortalidad.

"Eheu, fugaces, posthume, posthume,
labantur anni» *


Entonces no tendría nada más que ingenuidad, o estupidez, o ambas.

Como sea, y olvidando las inconsistencias, digo, como Cioran, que hay dos cosas que siempre me causaron histeria metafísica: un reloj que no funciona, y un reloj que funciona.




ARTificial Absinthe



*(Horacio)

miércoles, 28 de julio de 2010

SOBRE EL BLOG


Creo que de nada me valerá prolongar las presentaciones. Un blog mas que pretende suprimir el adicional. Diario de execrencias y ensoñaciones delirantes, tambien espejos nocivos. Esto quiere decir que, ademas de ser este sitio condenado y dañino la proyeccion de los seres que lo poseemos, encontrarán complacencia para esos vicios llamados literatura y musica... (que por otra parte son un fragmento de nuestros espejo). Pueden pedir lo que deseen, en tanto sea febril, decadente, etc.... Algo realmente oscuro como fiebre, nada de vampiretes de carrusel (crepuscúlo y su terrena descendencia) ni bandas esnobs hechas de parafrasis estultas,malentendidos necios y disfraces mal hechos que no alcanzan el encanto del artificio. Tampoco subiré lo que facilmente se puede comprar, sin riesgo de extravio, ni siquiera si es eso digno de aparecer en los vapores de este fumadero.
Amantes de la salud, devotos de la relojería, ser humano normal y funcional, sal de aqui cuanto antes, vuelve a tus filas y a la normalidad, salva tu presiosa sanidad y ahorranos el repulsivo espectaculo de tu rubor y tu "éxito".

ARTificial Absinthe